La mañana del 24
de abril en la Biblioteca del IES Hermógenes Rodríguez se han entregado los
premios del III Concurso de Relato Corto convocado por el AMPA Jesús Ruiz, que
se ha implicado activamente en el Plan de Lectura del centro. Juan de Dios García-Hidalgo
ha sido el encargado de felicitar a los ganadores y hacer entrega de los
premios y diplomas a los alumnos y alumnas ganadores.
PREMIOS CATEGORÍA 1º Y 2º ESO
1º “La barca” - Sara Inés Costache (2º ESO A) - 50 Euros + Diploma
2ª “La taquilla 17” - Inés
Gallego Albertos Mora (2º ESO C) - 30
Euros + Diploma
3º “El secreto de
hospital” - Valeria González-Román Callejas (2º ESO B) - 15 Euros + Diploma
(Los demás concursantes
recibieron un diploma)
PREMIOS CATEGORÍA 3º Y 4º ESO
1ª “La puerta que no debía abrir” - Andrea Díaz Romero (3º ESO A) - 50
Euros + Diploma
2ª “Proyecto Núñez GM”
- Lucía Núñez García-Morato (3º ESO B) - 30
Euros + Diploma
3º “Sueños con vetas” -
Alicia Utiel Jiménez-Ortiz (3º ESO B) - 15
Euros + Diploma
(Los demás concursantes
recibieron un diploma)
PREMIOS CATEGORÍA BACHILLERATO Y F.P.
1ª “Memorias desde Cuba a Cartagena” - Javier Agudo Muñoz (1º
Bach B) - 50 Euros + Diploma
2ª “Corazones
encantados” - Wisal Aachak Zaidi (1º Bach A) - 30 Euros + Diploma
3º “Quemadura” - Violeta
Tajuelo Pérez (2º Bach B) -15 Euros +
Diploma
(Los demás concursantes recibieron un diploma)
Compartimos aquí los textos íntegros de todos sus relatos para que los podáis leer y disfrutar. ¡Merece la pena!
PREMIOS
CATEGORÍA 1º Y 2º DE LA E.S.O.
LA BARCA
No te vas a creer cómo
he llegado hasta aquí…
Llevo cuatro días y tres noches en la misma barca. Estoy mareada y
hambrienta de no comer desde que zarpé del puerto de mi abuelo al amanecer del
martes. Después de tantos días sin ver ni una miga de pan he olvidado porque
comencé este viaje ni porque no peleé más con mi madre, pero lo que importa es
porque estoy aquí.
El martes por la mañana llegué a casa, mareada y con ganas de vomitar, y
casi segura de que no saldría de mi casa con vida jamás…
Entré al salón, y vi la sombra de mi madre sentada en el sillón donde se
tomaba el café y el cigarrillo todas las mañanas
antes de ir a trabajar, con todas
mis notas suspensas en una mano y un
cinturón de cuero que le regaló mi padre antes de morir.
Entré al salón con pies temblorosos y los ojos vidriosos cuando mi madre
me habló:
-Que has hecho en clase
aparte de suspender- dijo mi madre
-No recuerdas que he perdido a mi padre durante este
curso- dije, con un nudo en la garganta
-Yo también he perdido a mi marido
y sigo trayendo comida a casa para que tu vengas
y me traigas todas las materias suspensas, ¿acaso sabes la vergüenza
que he pasado cuando tu profesor me ha llamado?
-Mamá, si no tienes la suficiente empatía para
entenderme, me voy- dije, ya llorando
-Pues entonces vete
- ¿Qué? -dije con las
mejillas rojas
-Vete, no te quiero
volver a ver
Entonces ya sabéis como he llegado aquí, sin padres que me quieran, con
hambre y con el río en calma, la única calma que voy a sentir a partir de
ahora.
Primer premio: Sara Inés Costache (2º ESO A)
LA TAQUILLA 17
No te vas a
creer como he llegado hasta aquí, pero todo esto empezó el primer día de clase. Me asignaron la taquilla 17, justo al final del pasillo. Era raro, nadie la
quería, algunos decían
que daba mala suerte y otros simplemente decían que estaba
rota. Yo no creía en esas tonterías, hasta que la abrí. Dentro no había nada,
solo un cuaderno viejo con las tapas desgastadas. Decidí abrirlo y en la
primera pagina estaba escrito mi nombre con una letra que no reconocía. Al
principio, pensé que era una broma pero al pasar las páginas, se me heló la
sangre.
“Llegarás tarde a clase de lengua”
“Se te caerá el estuche en medio del
pasillo”
Cerré el
cuaderno de golpe, pensé que era absurdo, pero sin embargo ese mismo día todo empezó
a cumplirse. Al día siguiente volví a la taquilla y nerviosa
busqué directamente la última página.
Allí, con tinta
roja, había una frase escrita:
“Mañana no abras la taquilla”
Me quede
mirándola durante mucho tiempo y lo podría
haber dejado pasar, pero
no lo hice. A la mañana siguiente, el pasillo estaba vacío y con miedo volví a
abrir la taquilla. Dentro ya no estaba el cuaderno, había un pequeño y en el,
alguien me miraba. Era yo, pero no estaba asustada. Estaba sonriendo como si ya
supiera lo que iba a pasar conmigo.
Segundo premio: Inés Gallego Albertos Mora (2º ESO C)
EL SECRETO DE HOSPITAL
No te vas a creer como
he llegado hasta aquí.
¿De qué depende tu grado de sufrimiento? ¿y el dolor?
¿quién decide si estás sufriendo lo suficiente o no?
Me llamo Diana y la última
vez que sentí que me moría, fue después de despertar aquella tarde en el hospital,
con los brazos
llenos de algo que llevaba
intentando esconder bajo mi
sudadera durante meses.
¿Valía la pena sufrir en silencio?, fue algo que me pregunté todas las tardes de recuperación
en aquel frío y abrumador hospital, nadie entendía el dolor que ocultaban esas cicatrices, o bueno, eso pensaba hasta que él llegó. Se llamaba
Víctor, tenía una enfermedad rara en la piel, llamada “impético”, que le
causaba cicatrices extrañas en la piel, no le pareció que me cubriese los
brazos todo el tiempo, por lo que logré sentirme segura con alguien por una
vez. Empecé a acompañarlo a pasear y a comer cosas dulces con él en la cantina
del hospital, volví a reír. Sus ojos marrones me miraban como si por primera
vez, algo en mi valiese la pena, y eso me animó a seguir, a vivir. Esa noche nos
sentamos en la ventana del hospital, riendo y hablando de nosotros como si nos
conociéramos desde niños, no quería que eso se acabara jamás, que él, no se fuera jamás.
Me miró con esos ojos marrones que actuaban
como café que quita el sueño y produce desvelos, y me preguntó
por mí, mi historia, en sus
brazos encontré un refugió para mis sollozos y lágrimas, le conté la historia
de mis batallas y cicatrices y por una vez, no se separó de mi. Me aceptó, y
eso cambió mi miedo, y mi vida. Mis cicatrices no me definen, y las tuyas, tampoco.
Feliz mes sobre la concienciación de las autolesiones y la salud mental.
Tercer premio: Valeria
González-Román Callejas (2º ESO B)
PREMIOS
CATEGORÍA 3º Y 4º DE LA E.S.O.
LA PUERTA QUE NO DEBÍA ABRIR
“No te
vas a creer cómo he llegado hasta aquí…” Ojalá yo tampoco lo recordara. Todo
empezó cuando decidí no subir al autobús y volver andando por ese camino que
nadie usa. El bosque estaba en silencio, demasiado en silencio, como si algo
estuviera esperando.
Entonces vi la puerta. No debería haberla abierto.
Al
cruzarla, no sentí nada extraño al principio. Una ciudad antigua, gente
caminando… pero nadie hablaba. Nadie me miraba. Era como si yo no existiera.
Intenté pedir ayuda, pero cuando toqué a una mujer, se giró muy despacio. Tenía
los ojos completamente negros. Sonrió, pero su boca se abrió demasiado, como si
no tuviera límite.
Salí corriendo, desde ahí no ha parado.
Ahora
estoy escondido en lo que parece una casa abandonada. Puedo oírlos fuera. Sus
pasos no suenan normales… son arrastrados, irregulares, como si no supieran
caminar. A veces se quedan quietos delante de la puerta, sin hacer nada. Solo
esperan.
He
intentado volver por donde vine, pero el bosque ya no está. Solo hay calles que
se repiten una y otra vez.
Lo
peor es que hace un rato encontré un espejo. Y cuando me miré… por un segundo,
mis ojos también eran negros.
Creo que ya saben que estoy aquí.
Primer premio: Andrea Díaz
Romero (3º ESO A)
PROYECTO NÚÑEZ GM
No te vas a creer como he
llegado hasta aquí, mamá. Sé que es una carta que nunca te llegará, o quizá sí.
Recuerdo llegar por la mañana al instituto como cualquier otro día, pensando en lo
largo que se me iba a hacer el día. Y luego… no me acuerdo de nada más, simplemente desaparecí. Nunca llegué
allí, creo que me secuestraron.
Ahora estoy colgada en una
especie de habitación rara de unos hilos finísimos que salen de mi espalda y me
sujetan. Cada vez que intento moverme siento cómo algo dentro de mí controla
cada gesto; no soy dueña de mi cuerpo.
Debajo de mí, hay un suelo de cristal. Hay algunos informes
sobre mí, tarros con embriones, bebés en formol y muchas
hojas con fotos mías en edades que al parecer, nunca voy a vivir. Se escucha música repetitiva que
está sincronizada con mis latidos. En los informes que pude observar explican
intentos de duplicarme para que nadie sospechara, sin embargo, después de 2
intentos no lo han logrado. El proyecto
se llama “Núñez GM: adolescente elegida como activador humano de la máquina”.
Enfrente de mí, hay una
pared con un póster con varios de mis profesores con batas blancas: Ana Teresa
de lengua, Jaime de biología… Al parecer, no son profesores.
Entonces lo comprendí todo
mamá, mi cerebro ha sido insertado en la máquina, la otra “yo” que flota a mi lado es mi cuerpo original,
degollado, colgado también.
Cada aula del instituto,
cada pasillo son órganos. La biblioteca es mi corazón, cada vez que estoy
enferma hay una alarma como simulacro… Cuando desperté, alguien me susurró: “no
hay salida”.
Entendí que yo misma era
el instituto y si caigo, todo se descontrolará. Y yo sé que caeré, aunque fallezca.
Segundo premio: Lucía Núñez
García-Morato (3º ESO B)
SUEÑOS CON VETAS
No te vas a creer cómo he llegado hasta aquí, le susurré al que sería
mi llave de vuelta. Todo esto comenzó hace años, cuando mi prima
y yo estábamos jugando al escondite en el parque y decidí que era
buena idea esconderme en el bosque. Sin embargo, algo estaba tirando de mí y ya
no escuchaba la voz de mi prima; era como si alguien me estuviera guiando hacia
otro mundo y, en ese momento, vislumbré algo, una silueta que no parecía humana.
A pesar de esa llamada,
escuché la voz de mi prima y nunca entré en lo que parecía un portal. Desde
entonces me pregunté qué fue eso; varias veces regresé al bosque para
encontrarlo, pero nunca daba con él. Incluso llegué a pensar que había sido un
delirio, hasta que un día tuve un sueño, que me llevó a ese mismo lugar. Pero
esta vez alguien me susurraba al oído: mañana.
Al día siguiente, quedé
con mis amigas en el parque, estábamos en un banco y fui al baño. Al salir sentí que alguien
me llamaba, que me guiaba para ir al bosque, de nuevo. Así pues, dejé de
escuchar el ruido del parque y me volví a encontrar frente
al portal; esta vez la fuerza que tiraba de mí era mayor y, poco
a poco, me introduje en él.
Al entrar, dejé de
percibir todo lo que estaba a mi alrededor e intenté retroceder, pero no podía,
estaba encerrada. Allí había una pequeña ventana y, al mirar tras ella, vi el
bosque y también a mí misma, transformada en un árbol. Por primera vez, observé
esa silueta, la que vi cuando era niña. Esa silueta parecía un espíritu, el
espíritu del bosque, que se encargaba de encerrar a los niños soñadores.
Tercer premio: Alicia Utiel Jiménez-Ortiz (3º ESO B)
PREMIOS
CATEGORÍA BACHILLERATO Y C.F.G.B.
MEMORIAS DESDE CUBA A CARTAGENA
No te vas a creer cómo he
llegado hasta aquí, Don Rafael, porque yo nací en Cuba, donde mis padres, andaluces de naturaleza, montaron una
hacienda tabaquera. Apenas recuerdo a mi padre, José, era muy pequeña cuando
regresamos a España y él falleció. Años más tarde mi madre conoció a Francisco,
un médico gallego con el que se casó y tuvo a mis dos hermanos: Cándido y
Augusta.
Durante unos años viajamos
por Castilla la Vieja, por el trabajo de Francisco, pero mi madre enfermó de
cólera y falleció en 1855. Ella dejó en su testamento que unos familiares
malagueños se quedarían con mi tutela, pero Francisco no lo respetó, desde
aquel momento no volvió a ser el mismo.
Diez meses después, a mi
temprana edad de diecisiete años me encontraba en Villanueva de los Infantes,
bautizando como «hija de padre no conocido» a mi primogénita, Adela.
Y
dos años después,
en verano de 1858 me casé bajo Dispensa por primer
grado de afinidad y tras haber dado a luz a tres criaturas con el que había
sido mi padrastro, Francisco.
Carmen, mi
hija menor, nació en abril de 1867 y
tras ello Francisco me acusó de adulterio con mi abogado y me declararon
culpable falsamente. Así que cogí a mi
hija y mis cosas de valor, y
me vine hasta Cartagena con mi tía Paca.
Hace unos días recibí una carta de mi
hija Adela, decía que Francisco había
fallecido. Por eso, pregunté por un notario para comunicarme con el juez
del pueblo por el tema de la herencia a
mis hijos y mis hermanos. Mi amiga Fuensanta me dijo que usted, Don Rafael Blanes, era
el mejor de la ciudad.
Por eso he venido hasta aquí.
A mi tatarabuela Carmen y a su madre, Eloísa.
Nota: Este relato está inspirado en una investigación genealógica realizada durante
los últimos años por mí y por
Inmaculada Román Millán. Esta historia ha sido recogida en su TFM (Trabajo Fin de Master)
desde un punto
de vista histórico.
Primer premio: Javier Agudo Muñoz (1º Bach
B)
CORAZONES
ENCANTADOS
“No te vas a creer cómo he
llegado hasta aquí, y una mera hechicera como tú no me arrebatará todo lo que
logré alcanzar. No pienso rebajarme a ti, Rose
Morgan. Espero que esta advertencia te haga reflexionar sobre quién se hará con el título
entre nosotros dos”.
Sí. Esas fueron las
palabras de Liam Miller, el chico más arrogante, atractivo y soberbio de la
Academia Arcana. El recuerdo de esa mirada fulminante que se proyectaba en sus
ojos color avellana se hizo presente en mi mente sin que yo lo quisiera. Y si
no fuera poco, me lo dijo tan solo hace una semana antes del Campeonato
Nacional de Hechicería.
Este campeonato se
organiza cada dos años en el calendario arcano. Es muy conocido por sus campos
de batalla y sus arduos entrenamientos, y solo los mejores hechiceros de todas
las categorías y clases sociales pisaron sus
inmensos campos. Y Yo, Rose Morgan, he logrado pasar las pruebas de
admisión hace apenas un mes.
El objetivo de este campeonato es demostrar si la persona
que quiera competir
en las pruebas que se lleven
a cabo, es digno y lo suficientemente valiente para hacerse con el título en sus manos. Hay muchos que se les otorgaron
el título. Pero no todo lo
que se ve es un cuento de color y rosas, porque
los que pierden... acaban en cenizas.
¿El problema? Que mi rival
me ha tomado por una simple y patética hechicera. Pero le haré tragarse sus
palabras. Ya verá de lo que soy capaz. No pienso perder contra él, aunque eso implique hacer todo lo imposible por ganar el título de Hechicero
hasta destruir el campo a añicos.
Segundo premio: Wisal Aachak Zaidi (1º Bach A)
QUEMADURA
- No
te vas a creer cómo he llegado hasta aquí. La cólera, delatada por la luz
selenita, empujaba a mis nómadas raíces prófugas de la ciudad de almas y
guiadas por mi mirada dirigida únicamente hacia un futuro recuerdo: la venganza
era el hilo rojo que arrastraba a mi corazón, dominante de mi razón abandonada…
Lo hice fácil e inconscientemente, y eso fue lo que más alimentó mi terror - el
sentimiento de vulnerabilidad sumergió a mis manos en un terremoto-. No
parpadeé hasta que las luces azules brillantes chocaron contra mis pupilas. No
sentí las lágrimas hasta que el frío las golpeó contra mis mejillas. No me moví
hasta que el amanecer me dio la señal de salida.
Pero su pestilente olor
detuvo mi fuga, y fue volviendo cuando me ví atrapada entre las garras de la
culpabilidad que arañaron mi astucia, provocando la caída de la cerilla
encendida sobre la inerte vida. Comenzó a arder y los testigos pinos fueron
contagiados por la ansiedad de la llama. La llama, reflejada en mis oblicuos
mares, atravesó mi interior y su quemadura me devolvió a la realidad de aquella
noche: había terminado con mi huracán, o eso creía, porque no, no pude ver sus
cenizas, ya que mi instinto de supervivencia me hizo desaparecer de aquel
bosque.
-
Sigo sin entenderlo - me exigió el paciente
número 27.
- Logré
escapar, pero mi mente no lo hizo. Entonces volví al lugar buscando el antídoto
del olvido; qué ingenua. Al ver los restos de los pinos negros, mis párpados se
chocaron brutalmente, como si no verlo implicara la esquivación del dolor, y mi sistema nervioso decidió
asaltarme desde la incapacidad.
-
Y desde entonces permaneces inválida en esta
cama con una carta judicial por abrir.
-
Exacto, hazlo conmigo.
…
-
¿¡Sospechosa de intento de asesinato!?
Tercer
premio: Violeta Tajuelo Pérez (2º Bach B)



