sábado, 9 de mayo de 2026

Ganadores del III Concurso de Relato Corto del AMPA Jesús Ruiz


 


La mañana del 24 de abril en la Biblioteca del IES Hermógenes Rodríguez se han entregado los premios del III Concurso de Relato Corto convocado por el AMPA Jesús Ruiz, que se ha implicado activamente en el Plan de Lectura del centro. Juan de Dios García-Hidalgo ha sido el encargado de felicitar a los ganadores y hacer entrega de los premios y diplomas a los alumnos y alumnas ganadores.




 

 
 


PREMIOS CATEGORÍA 1º Y 2º ESO

 

“La barca” - Sara Inés Costache (2º ESO A) - 50 Euros + Diploma

 

2ª “La taquilla 17” - Inés Gallego Albertos Mora (2º ESO C) - 30 Euros + Diploma

 

3º “El secreto de hospital” - Valeria González-Román Callejas (2º ESO B) - 15 Euros + Diploma

 

(Los demás concursantes recibieron un diploma)

 

PREMIOS CATEGORÍA 3º Y 4º ESO

 

“La puerta que no debía abrir” - Andrea Díaz Romero (3º ESO A) - 50 Euros + Diploma

 

2ª “Proyecto Núñez GM” - Lucía Núñez García-Morato (3º ESO B) - 30 Euros + Diploma

 

3º “Sueños con vetas” - Alicia Utiel Jiménez-Ortiz (3º ESO B) - 15 Euros + Diploma

   

(Los demás concursantes recibieron un diploma)

 

PREMIOS CATEGORÍA BACHILLERATO Y F.P.

 

1ª “Memorias desde Cuba a Cartagena” - Javier Agudo Muñoz (1º Bach B) - 50 Euros + Diploma

 

2ª “Corazones encantados” - Wisal Aachak Zaidi (1º Bach A) - 30 Euros + Diploma

 

3º “Quemadura” - Violeta Tajuelo Pérez (2º Bach B) -15 Euros + Diploma

   

(Los demás concursantes recibieron un diploma)


Compartimos aquí los textos íntegros de todos sus relatos para que los podáis leer y disfrutar. ¡Merece la pena!


PREMIOS CATEGORÍA 1º Y 2º DE LA E.S.O.

LA BARCA

No te vas a creer cómo he llegado hasta aquí…

Llevo cuatro días y tres noches en la misma barca. Estoy mareada y hambrienta de no comer desde que zarpé del puerto de mi abuelo al amanecer del martes. Después de tantos días sin ver ni una miga de pan he olvidado porque comencé este viaje ni porque no peleé más con mi madre, pero lo que importa es porque estoy aquí.

El martes por la mañana llegué a casa, mareada y con ganas de vomitar, y casi segura de que no saldría de mi casa con vida jamás…

Entré al salón, y vi la sombra de mi madre sentada en el sillón donde se tomaba el café y el cigarrillo todas las mañanas antes de ir a trabajar, con todas mis notas suspensas en una mano y un cinturón de cuero que le regaló mi padre antes de morir.

Entré al salón con pies temblorosos y los ojos vidriosos cuando mi madre me habló:

-Que has hecho en clase aparte de suspender- dijo mi madre

-No recuerdas que he perdido a mi padre durante este curso- dije, con un nudo en la garganta

-Yo también he perdido a mi marido y sigo trayendo comida a casa para que tu vengas y me traigas todas las materias suspensas, ¿acaso sabes la vergüenza que he pasado cuando tu profesor me ha llamado?

-Mamá, si no tienes la suficiente empatía para entenderme, me voy- dije, ya llorando

-Pues entonces vete

- ¿Qué? -dije con las mejillas rojas

-Vete, no te quiero volver a ver

Entonces ya sabéis como he llegado aquí, sin padres que me quieran, con hambre y con el río en calma, la única calma que voy a sentir a partir de ahora.

Primer premio: Sara Inés Costache (2º ESO A)

 

LA TAQUILLA 17

No te vas a creer como he llegado hasta aquí, pero todo esto empezó el primer día de clase. Me asignaron la taquilla 17, justo al final del pasillo. Era raro, nadie la quería, algunos decían que daba mala suerte y otros simplemente decían que estaba rota. Yo no creía en esas tonterías, hasta que la abrí. Dentro no había nada, solo un cuaderno viejo con las tapas desgastadas. Decidí abrirlo y en la primera pagina estaba escrito mi nombre con una letra que no reconocía. Al principio, pensé que era una broma pero al pasar las páginas, se me heló la sangre.

“Llegarás tarde a clase de lengua”

“Se te caerá el estuche en medio del pasillo”

Cerré el cuaderno de golpe, pensé que era absurdo, pero sin embargo ese mismo día todo empezó a cumplirse. Al día siguiente volví a la taquilla y nerviosa busqué directamente la última página. Allí, con tinta roja, había una frase escrita:

“Mañana no abras la taquilla”

Me quede mirándola durante mucho tiempo y lo podría haber dejado pasar, pero no lo hice. A la mañana siguiente, el pasillo estaba vacío y con miedo volví a abrir la taquilla. Dentro ya no estaba el cuaderno, había un pequeño y en el, alguien me miraba. Era yo, pero no estaba asustada. Estaba sonriendo como si ya supiera lo que iba a pasar conmigo.

Segundo premio: Inés Gallego Albertos Mora (2º ESO C)

 

EL SECRETO DE HOSPITAL

No te vas a creer como he llegado hasta aquí.

¿De qué depende tu grado de sufrimiento? ¿y el dolor? ¿quién decide si estás sufriendo lo suficiente o no?

Me llamo Diana y la última vez que sentí que me moría, fue después de despertar aquella tarde en el hospital, con los brazos llenos de algo que llevaba intentando esconder bajo mi sudadera durante meses. ¿Valía la pena sufrir en silencio?, fue algo que me pregunté todas las tardes de recuperación en aquel frío y abrumador hospital, nadie entendía el dolor que ocultaban esas cicatrices, o bueno, eso pensaba hasta que él llegó. Se llamaba Víctor, tenía una enfermedad rara en la piel, llamada “impético”, que le causaba cicatrices extrañas en la piel, no le pareció que me cubriese los brazos todo el tiempo, por lo que logré sentirme segura con alguien por una vez. Empecé a acompañarlo a pasear y a comer cosas dulces con él en la cantina del hospital, volví a reír. Sus ojos marrones me miraban como si por primera vez, algo en mi valiese la pena, y eso me  animó a seguir, a vivir. Esa noche nos sentamos en la ventana del hospital, riendo y hablando de nosotros como si nos conociéramos desde niños, no quería que eso se acabara jamás, que él, no se fuera jamás. Me miró con esos ojos marrones que actuaban como café que quita el sueño y produce desvelos, y me preguntó por mí, mi historia, en sus brazos encontré un refugió para mis sollozos y lágrimas, le conté la historia de mis batallas y cicatrices y por una vez, no se separó de mi. Me aceptó, y eso cambió mi miedo, y mi vida. Mis cicatrices no me definen, y las tuyas, tampoco.

Feliz mes sobre la concienciación de las autolesiones y la salud mental.

Tercer premio: Valeria González-Román Callejas (2º ESO B)

 

 

PREMIOS CATEGORÍA 3º Y 4º DE LA E.S.O.

LA PUERTA QUE NO DEBÍA ABRIR

“No te vas a creer cómo he llegado hasta aquí…” Ojalá yo tampoco lo recordara. Todo empezó cuando decidí no subir al autobús y volver andando por ese camino que nadie usa. El bosque estaba en silencio, demasiado en silencio, como si algo estuviera esperando.

Entonces vi la puerta. No debería haberla abierto.

Al cruzarla, no sentí nada extraño al principio. Una ciudad antigua, gente caminando… pero nadie hablaba. Nadie me miraba. Era como si yo no existiera. Intenté pedir ayuda, pero cuando toqué a una mujer, se giró muy despacio. Tenía los ojos completamente negros. Sonrió, pero su boca se abrió demasiado, como si no tuviera límite.

Salí corriendo, desde ahí no ha parado.

Ahora estoy escondido en lo que parece una casa abandonada. Puedo oírlos fuera. Sus pasos no suenan normales… son arrastrados, irregulares, como si no supieran caminar. A veces se quedan quietos delante de la puerta, sin hacer nada. Solo esperan.

He intentado volver por donde vine, pero el bosque ya no está. Solo hay calles que se repiten una y otra vez.

Lo peor es que hace un rato encontré un espejo. Y cuando me miré… por un segundo, mis ojos también eran negros.

Creo que ya saben que estoy aquí.

Primer premio: Andrea Díaz Romero (3º ESO A)

 


PROYECTO NÚÑEZ GM

No te vas a creer como he llegado hasta aquí, mamá. Sé que es una carta que nunca te llegará, o quizá sí.

Recuerdo llegar por la mañana al instituto como cualquier otro día, pensando en lo largo que se me iba a hacer el día. Y luego… no me acuerdo de nada más, simplemente desaparecí. Nunca llegué allí, creo que me secuestraron.

Ahora estoy colgada en una especie de habitación rara de unos hilos finísimos que salen de mi espalda y me sujetan. Cada vez que intento moverme siento cómo algo dentro de mí controla cada gesto; no soy dueña de mi cuerpo.

Debajo de mí, hay un suelo de cristal. Hay algunos informes sobre mí, tarros con embriones, bebés en formol y muchas hojas con fotos mías en edades que al parecer, nunca voy a vivir. Se escucha música repetitiva que está sincronizada con mis latidos. En los informes que pude observar explican intentos de duplicarme para que nadie sospechara, sin embargo, después de 2 intentos no lo han logrado. El proyecto se llama “Núñez GM: adolescente elegida como activador humano de la máquina”.

Enfrente de mí, hay una pared con un póster con varios de mis profesores con batas blancas: Ana Teresa de lengua, Jaime de biología… Al parecer, no son profesores.

Entonces lo comprendí todo mamá, mi cerebro ha sido insertado en la máquina, la otra “yo” que flota a mi lado es mi cuerpo original, degollado, colgado también.

Cada aula del instituto, cada pasillo son órganos. La biblioteca es mi corazón, cada vez que estoy enferma hay una alarma como simulacro… Cuando desperté, alguien me susurró: “no hay salida”.

Entendí que yo misma era el instituto y si caigo, todo se descontrolará. Y yo sé que caeré, aunque fallezca.

Segundo premio: Lucía Núñez García-Morato (3º ESO B)

 

 

SUEÑOS CON VETAS

No te vas a creer cómo he llegado hasta aquí, le susurré al que sería mi llave de vuelta. Todo esto comenzó hace años, cuando mi prima y yo estábamos jugando al escondite en el parque y decidí que era buena idea esconderme en el bosque. Sin embargo, algo estaba tirando de mí y ya no escuchaba la voz de mi prima; era como si alguien me estuviera guiando hacia otro mundo y, en ese momento, vislumbré algo, una silueta que no parecía humana.

A pesar de esa llamada, escuché la voz de mi prima y nunca entré en lo que parecía un portal. Desde entonces me pregunté qué fue eso; varias veces regresé al bosque para encontrarlo, pero nunca daba con él. Incluso llegué a pensar que había sido un delirio, hasta que un día tuve un sueño, que me llevó a ese mismo lugar. Pero esta vez alguien me susurraba al oído: mañana.

Al día siguiente, quedé con mis amigas en el parque, estábamos en un banco y fui al baño. Al salir sentí que alguien me llamaba, que me guiaba para ir al bosque, de nuevo. Así pues, dejé de escuchar el ruido del parque y me volví a encontrar frente al portal; esta vez la fuerza que tiraba de era mayor y, poco a poco, me introduje en él.

Al entrar, dejé de percibir todo lo que estaba a mi alrededor e intenté retroceder, pero no podía, estaba encerrada. Allí había una pequeña ventana y, al mirar tras ella, vi el bosque y también a mí misma, transformada en un árbol. Por primera vez, observé esa silueta, la que vi cuando era niña. Esa silueta parecía un espíritu, el espíritu del bosque, que se encargaba de encerrar a los niños soñadores.

Tercer premio: Alicia Utiel Jiménez-Ortiz (3º ESO B)

 

 

PREMIOS CATEGORÍA BACHILLERATO Y C.F.G.B.

MEMORIAS DESDE CUBA A CARTAGENA

 

No te vas a creer cómo he llegado hasta aquí, Don Rafael, porque yo nací en Cuba, donde mis  padres, andaluces de naturaleza, montaron una hacienda tabaquera. Apenas recuerdo a mi padre, José, era muy pequeña cuando regresamos a España y él falleció. Años más tarde mi madre conoció a Francisco, un médico gallego con el que se casó y tuvo a mis dos hermanos: Cándido y Augusta.

Durante unos años viajamos por Castilla la Vieja, por el trabajo de Francisco, pero mi madre enfermó de cólera y falleció en 1855. Ella dejó en su testamento que unos familiares malagueños se quedarían con mi tutela, pero Francisco no lo respetó, desde aquel momento no volvió a ser el mismo.

Diez meses después, a mi temprana edad de diecisiete años me encontraba en Villanueva de los Infantes, bautizando como «hija de padre no conocido» a mi primogénita, Adela.

Y  dos  años  después,  en  verano  de 1858 me casé bajo Dispensa por primer grado de afinidad y tras haber dado a luz a tres criaturas con el que  había  sido  mi  padrastro, Francisco.

Carmen, mi hija menor, nació en abril de 1867 y tras ello Francisco me acusó de adulterio con mi abogado y me declararon culpable falsamente. Así que cogí a mi   hija y mis cosas de valor, y me vine hasta Cartagena con mi tía Paca.

Hace unos días recibí una carta de mi hija Adela, decía que  Francisco  había  fallecido. Por eso, pregunté por un notario para comunicarme con el juez del pueblo  por el tema de la herencia a mis hijos y mis hermanos. Mi amiga Fuensanta me dijo  que usted, Don Rafael Blanes,  era  el  mejor  de la ciudad. Por eso he venido hasta aquí.

 

A mi tatarabuela Carmen y a su madre, Eloísa.

 

Nota: Este relato está inspirado en una investigación genealógica realizada durante los últimos años por mí y por Inmaculada Román Millán. Esta historia ha sido recogida en su TFM (Trabajo Fin de Master) desde un punto de vista histórico.

 

Primer premio: Javier Agudo Muñoz (1º Bach B)

 

 

CORAZONES ENCANTADOS

“No te vas a creer cómo he llegado hasta aquí, y una mera hechicera como tú no me arrebatará todo lo que logré alcanzar. No pienso rebajarme a ti, Rose Morgan. Espero que esta advertencia te haga reflexionar sobre quién se hará con el título entre nosotros dos”.

Sí. Esas fueron las palabras de Liam Miller, el chico más arrogante, atractivo y soberbio de la Academia Arcana. El recuerdo de esa mirada fulminante que se proyectaba en sus ojos color avellana se hizo presente en mi mente sin que yo lo quisiera. Y si no fuera poco, me lo dijo tan solo hace una semana antes del Campeonato Nacional de Hechicería.

Este campeonato se organiza cada dos años en el calendario arcano. Es muy conocido por sus campos de batalla y sus arduos entrenamientos, y solo los mejores hechiceros de todas las categorías y clases sociales pisaron sus inmensos campos. Y Yo, Rose Morgan, he logrado pasar las pruebas de admisión hace apenas un mes.

El objetivo de este campeonato es demostrar si la persona que quiera competir en las pruebas que se lleven a cabo, es digno y lo suficientemente valiente para hacerse con el título en sus manos. Hay muchos que se les otorgaron el título. Pero no todo lo que se ve es un cuento de color y rosas, porque los que pierden... acaban en cenizas.

¿El problema? Que mi rival me ha tomado por una simple y patética hechicera. Pero le haré tragarse sus palabras. Ya verá de lo que soy capaz. No pienso perder contra él, aunque eso implique hacer todo lo imposible por ganar el título de Hechicero hasta destruir el campo a añicos.

Segundo premio: Wisal Aachak Zaidi (1º Bach A)

 

 

QUEMADURA

-       No te vas a creer cómo he llegado hasta aquí. La cólera, delatada por la luz selenita, empujaba a mis nómadas raíces prófugas de la ciudad de almas y guiadas por mi mirada dirigida únicamente hacia un futuro recuerdo: la venganza era el hilo rojo que arrastraba a mi corazón, dominante de mi razón abandonada… Lo hice fácil e inconscientemente, y eso fue lo que más alimentó mi terror - el sentimiento de vulnerabilidad sumergió a mis manos en un terremoto-. No parpadeé hasta que las luces azules brillantes chocaron contra mis pupilas. No sentí las lágrimas hasta que el frío las golpeó contra mis mejillas. No me moví hasta que el amanecer me dio la señal de salida.

Pero su pestilente olor detuvo mi fuga, y fue volviendo cuando me ví atrapada entre las garras de la culpabilidad que arañaron mi astucia, provocando la caída de la cerilla encendida sobre la inerte vida. Comenzó a arder y los testigos pinos fueron contagiados por la ansiedad de la llama. La llama, reflejada en mis oblicuos mares, atravesó mi interior y su quemadura me devolvió a la realidad de aquella noche: había terminado con mi huracán, o eso creía, porque no, no pude ver sus cenizas, ya que mi instinto de supervivencia me hizo desaparecer de aquel bosque.

-       Sigo sin entenderlo - me exigió el paciente número 27.

-       Logré escapar, pero mi mente no lo hizo. Entonces volví al lugar buscando el antídoto del olvido; qué ingenua. Al ver los restos de los pinos negros, mis párpados se chocaron brutalmente, como si no verlo implicara la esquivación del dolor, y mi sistema nervioso decidió asaltarme desde la incapacidad.

-       Y desde entonces permaneces inválida en esta cama con una carta judicial por abrir.

-       Exacto, hazlo conmigo.

-       ¿¡Sospechosa de intento de asesinato!?

 

Tercer premio: Violeta Tajuelo Pérez (2º Bach B)


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